Leísmo, laísmo y loísmo: qué admite la RAE, qué no, y cómo salir de dudas
Le vi está bien y la dije la verdad no. La frontera es más estrecha de lo que parece, y en el norte casi nadie la nota.
Estás escribiendo un correo a una clienta y te quedas a medias. La llamé ayer o le llamé ayer. Lo dices de las dos maneras sin pensar, y de repente hay que elegir una y dejarla por escrito.
Si te has criado en Madrid, Valladolid o Segovia, el oído no te va a sacar de dudas: ahí las tres formas conviven y ninguna suena rara. Si vienes de América, tienes el problema contrario — lo que oyes aquí no coincide con lo que aprendiste, y no sabes si hablan mal ellos o te has quedado tú anticuado.
La respuesta corta: de los tres fenómenos, la norma admite uno, y en un caso muy concreto.
Primero, qué está sustituyendo cada pronombre
Es la parte que nadie repasa porque parece obvia, y es donde se origina el lío.
Lo, la, los, las sustituyen al complemento directo: aquello sobre lo que recae la acción. ¿Compraste el pan? Sí, lo compré. Le, les sustituyen al complemento indirecto: aquel a quien va destinada. Le di el pan al portero.
| Complemento directo | Complemento indirecto | |
|---|---|---|
| masculino singular | lo | le |
| femenino singular | la | le |
| masculino plural | los | les |
| femenino plural | las | les |
Fíjate en la asimetría, porque de ahí sale todo: la columna del directo distingue género, la del indirecto no. Le di el pan vale para el portero y para la portera. Los tres «ismos» son, exactamente, tres maneras de cruzar esas columnas.
- Leísmo: le haciendo de complemento directo.
- Laísmo: la haciendo de complemento indirecto.
- Loísmo: lo haciendo de complemento indirecto.
Leísmo: el único que la norma admite, y solo hasta cierto punto
¿Viste a Pablo? Sí, le vi. Eso lo admite la RAE. Y merece la pena saber por dónde pasa exactamente la raya, porque la puerta es más estrecha de lo que la gente cree: persona y masculino.
- Femenino, no. A María le vi ayer queda fuera de norma. La forma es la vi.
- Plural, sí, pero raro. A Pablo y a Javier les vi está admitido —el propio DPD trae ejemplos como les torturaron hasta matarles—, aunque es mucho menos frecuente que el singular. Lo que oirás casi siempre, incluso en boca de quien dice le vi, es los vi.
- Cosas, nunca. Ese coche le vendí no lo dice nadie, y con razón: es lo vendí.
Territorialmente el leísmo es de Castilla, Madrid, el País Vasco y el norte, y se extiende con el prestigio de esa variedad. En Andalucía, Canarias y la mayor parte de América domina lo vi, aunque hay leísmo asentado en Paraguay y en la zona andina. Si escribes para lectores de los dos lados del Atlántico, lo es la opción que no llama la atención en ninguna parte.
El que casi nadie tiene claro: el leísmo admitido es solo de persona. A ese perro le vi ayer ya no entra, aunque el perro tenga nombre y te caiga bien. Con animales y objetos, lo y la, sin excepción.
Laísmo y loísmo: los que no
Aquí no hay matices que buscar. La RAE los rechaza, y ninguno de los dos ha entrado en la lengua culta.
Laísmo es poner la donde toca le: la dije la verdad, la pedí el favor, la dije que viniera. Se oye a diario en Madrid, en Valladolid y en toda la meseta, en gente con estudios y en medios de comunicación. Que se oiga mucho no cambia lo que dice la norma, y en un texto escrito canta.
Loísmo es lo mismo con lo: lo dieron un premio, lo pegué un tortazo. Está más restringido geográficamente y suena más marcado, así que es más fácil de evitar.
El truco para pillarlos sobre la marcha es preguntar por el otro complemento. Si en la frase ya hay una cosa — la verdad, el favor, un premio —, entonces la persona es el indirecto y le corresponde le. Le dije la verdad. Le dieron un premio. Con dos, la persona se lleva le. Con uno, la persona es ese uno, y entonces toca lo o la.
El leísmo que sí usas tú: usted
Hay un leísmo que se cuela en el habla de todo el mundo, incluida la de quien jamás diría le vi refiriéndose a un hombre: el leísmo de cortesía.
Le llamo mañana. Le atiendo enseguida. Le espero en la puerta. Dicho a una mujer, en usted, sin que a nadie le rechine — ni en Madrid ni en Lima. La RAE lo recoge y lo admite, y es el hueco por el que le pasa referido a una mujer en función de complemento directo. Fuera del usted, no.
Para escribir sin dudar: si el texto va a leerse en América o es un documento formal, usa siempre lo y la para el directo y le para el indirecto. No pierdes nada: el leísmo está admitido, pero no es obligatorio en ningún registro, y su ausencia no se percibe como error en ninguna variedad del español.
Los verbos que no se dejan clasificar
Una parte del lío no es leísmo: son verbos que llevan siglos sin decidirse entre complemento directo e indirecto. Confundirlos con los «ismos» es lo que hace que la gente se corrija donde no hace falta.
Ayudar, llamar, obedecer. Admiten los dos regímenes y las dos formas son correctas: la ayudé y le ayudé, lo llamé y le llamé. La base normativa es la transitiva (lo/la), pero el dativo está tan extendido que el Diccionario panhispánico de dudas lo da por válido. Si alguien te corrige un le ayudé, no tiene razón.
Atender no va en ese grupo, aunque lo parezca. Su complemento de persona es directo —la atiendo—, y le atiendo solo pasa por la puerta del leísmo de cortesía, es decir, tratando de usted.
Creer depende de la estructura. Si en la frase hay una cosa, la persona es indirecta: no le creo nada, le creyeron la mentira. Si la persona va sola, en España se oye no la creo y en gran parte de América no le creo.
Pegar, donde el caso cambia el hecho. Con directo es adherir: lo pegué — pegué el papel. En el sentido de golpear, lo habitual es le pegué, por el patrón antiguo en que el directo era el golpe sobreentendido (le pegué [un tortazo]); la RAE también da por bueno el complemento de persona como directo, así que la pegaba es defendible. Lo que no cambia es que lo pegué y le pegué cuentan dos hechos distintos.
Envidiar, amenazar, aplaudir. Van al revés de lo que sugiere el sentido común: la persona es complemento directo. La envidio, la amenazó, la aplaudí. Poner le aquí es leísmo, y con referente femenino, del que no admite nadie. (Molestar parece de este grupo y no lo es: con sujeto de cosa funciona como gustar —a María le molestan las bromas— y con sujeto de persona admite directo, Juan la molesta.)
La familia de gustar. Gustar, encantar, doler, apetecer, parecer, importar, tocar: siempre indirecto, y nunca lo ni la. A ella le duele la cabeza, no la duele. Este es, con diferencia, el laísmo más frecuente de la meseta.
Compruébalo: ¿le, lo o la?
Preguntas frecuentes
¿El leísmo es incorrecto? No, si se refiere a una persona de género masculino: ahí la RAE lo admite, sobre todo en singular y también, con mucha menos frecuencia, en plural. En femenino o con cosas, sí está fuera de norma.
¿Y el laísmo? No admitido en ningún caso, por muy extendido que esté en Madrid y en la meseta. Le dije, le pedí, le eché de comer.
¿Por qué se dice se lo di y no le lo di? Porque le lo no es una secuencia que el español forme. Le y les se convierten en se delante de lo, la, los, las: un cambio heredado del castellano antiguo, sin significado propio, y que no tiene nada que ver con el se reflexivo de se lava.
¿Le llamo o lo llamo por teléfono? Los dos. Llamar admite ambos regímenes y el DPD los da por válidos; lo/la llamo es la forma etimológica y predomina en América, le llamo predomina en España. Ojo con extender eso a atender: ahí el complemento de persona es directo, y le atiendo solo se sostiene por cortesía.
¿Cómo distingo el directo del indirecto sin analizar la frase? Cuenta los elementos. Si además de la persona hay una cosa, la persona es el indirecto: le di el pan. Si la persona es lo único, suele ser el directo: lo vi. Los verbos que van por su cuenta —pegar, preguntar, envidiar— quedan fuera de la regla.
¿En un texto profesional, qué uso? Lo, la para el directo y le para el indirecto. Es correcto en todas las variedades y nadie te lo va a corregir.
Para quedarte con una idea
De los tres, solo el leísmo tiene permiso, y solo con persona de género masculino. El laísmo, por muy madrileño que sea, no lo tiene. Y buena parte de lo que se toma por leísmo no lo es: son verbos como ayudar o llamar que admiten los dos casos y a los que no hay que corregir nada.
Si dudas al escribir, tira de la regla de los elementos: dos en juego, la persona lleva le; uno solo, lleva lo o la. Resuelve la mayoría de los casos, con la salvedad de los verbos del apartado anterior, que van por libre y hay que saberse.
Si quieres seguir con otras zonas grises del español peninsular, tenemos el reparto entre tú y usted en España y la diferencia entre por y para.
Las zonas grises del español, resueltas
En How2Spanish trabajamos justo lo que no se resuelve mirando una tabla: lo que la norma admite, lo que se dice de verdad y qué escribir cuando dudas.
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